domingo, 25 de enero de 2015
domingo, 21 de diciembre de 2014
LA SERVILLETA NACIONAL
Después de mis recientes vacaciones, de pasar una semana en Perú y otra en Nueva York, he llegado a una conclusión: Las servilletas definen países.
La primera vez que comí un ceviche en Perú fui a limpiarme con una servilleta y entonces me di cuenta. Una servilleta peruana está compuesta por una sola fina capa, de esas dos que forman una servilleta europea.
Y entonces me explicaron la profesión del separador de servilletas. Un tipo que se pega 12 horas al día dividiendo en dos partes las servilletas europeas para rentabilizarlas. De modo que los servilleteros peruanos están llenos
de cientos de alas de mariposa. Servilletas etéreas y tansparentes. La transparencia de la que gozan ya muy pocos países y que se ve enturbiada muy fácilmente por las cosas de mayores, ya saben, la política y los negocios.
Una servilleta que cuando la llevas a la boca sigues manchado y arrugas y logras hacer una pequeña pelotilla más pequeña que un moco, y de aquí viene lo de que cuando Alemania estornuda España se resfría…, pues cuando España se resfría Sudamérica ya lleva moqueando una eternidad. Entonces te preguntas… ¿de verdad es rentable?? si tienes que emplear 10 servilletas para limpiarte mientras que en Europa usas las mismas, cinco dobles. Pero sí, esa sensación del servilletero lleno, de la opulencia superficial y engañosa, de la abundancia escasa y fláccida, como los estómagos hinchados de los niños de África, con el mismo diámetro del de un gordo europeo, pero vacíos, llenos de arroz y agua dando vueltas. La apariencia y el poseo, porque en Perú se posea y no se posturea; se está rico, pero no la comida, el tiempo; algo no es cojonudo, es buenaso y no se dicen bromas, son genialidades…
Eso es Perú, lleno de colores en las telas, pero gris en el carácter y en el tiempo limeño. Con servilletas que no te secan porque esto es húmedo y huele a tierra y a pescado, y a leche de tigre, a ácido, a fuerte.
Entonces llegué a Nueva York y me limpié tras comerme una hamburguesa, y entonces me di cuenta de las 5 capas de servilleta. Aquí no hay separadores de servilletas, aquí hay lobbies, de los que juntan, papeles e intereses. Una servilleta tan gruesa como la alpaca, pero de usar y tirar, que abrigan además de limpiar. De las que son tan orondas que avergüenzan o tapan vergüenzas con salsas. Porque aquí todo se enmascara, con sirope, barbacoa y queso fundido y hacen suyo lo del otro con más éxito. Y reinventan la comida mexicana con los burritos, tan sólo poniendo más capas, al guacamole y a las servilletas. Sin saber que, por muy gruesa que sea una servilleta, la vas a acabar tirando. Y después de todo, tras limpiarse… fina o gruesa, ninguno de los dos está limpio del todo.
domingo, 7 de diciembre de 2014
REINVENTADO LA SEMANA
La semana ha cambiado… supongo que por otra cosa más grave… y es que Madrid ha cambiado, atrás quedaron los dulces tiempos en los que la juerga era diaria e igual de potente un lunes que un viernes, que era paraíso Sodoma-gomorrero de turistas con ganas de noche, after y borracheras que dan la vuelta a la esquina del día como las colas de Doña Manolita. Tiempos de nostalgia aquellos en los que podías acompañar el pitillo con la birra en la mano sin que un camarero-portero-carcelero te eche el ojo como en un campo de concentración y te haga dejar la cerveza dentro, mientras se calienta o algún listo te la levanta después de fumarse su propio pitillo. En fin, que la semana ha cambiado por eso hay que reinventarla...
Empecemos por el VIÉRCOLES (los antiguos miércoles) porque empezar por el lunes siempre me ha dado pereza. Que de toda la vida han sido los juernes… hoy, hoy son el desierto, la desolación, el apocalipsis zombie. Y más cuando ponían el cine a 3,90. Esos días los bares se vacíaban, las calles se vestían de eco y las aceras se desnudaban de pisadas. Partiendo de la base que lo del cine es estupendo… propongo a los bares que contraoferten y el miércoles sea el día de la caña por menos de un euro, o de la tapa gratis… Y ya lo estoy viendo, te lías, te lías y lo que era un miércoles normal, insulso, corriente, se convierte en un viércoles brillante, pleno, divertido, extremo… de peli barata y birra barata… ufff demasiada ciencia ficción no??
LOS VIERNES: Siguen siendo viernes, el día del placer, alegría, gozo, “Alabaré” que dirían las monjas, cualquier adjetivo se queda corto, raquítico, espartano. Dos días por delante para perder de vista al jefe…, pero un día también en el que mucha gente se queda en casa porque es el día en que sale todo el mundo. Tolais ilusos… es el día en que las tías están cansadas de currar toda la semana, cogen con ganas las copas y con el cansancio semanal se pillan un pedo antes y tú puedes pillar más fácilmente. Además emborrachándote el viernes, el domingo ya estás recuperado y puedes estar zampando como un bestia en casa de tu madre o suegra, o hacerte un vermut torero para acabar pedo el domingo y estar de mierda el lunes, y no quitarle el nombre al lunes de mierda, que ese nunca cambia.
En tu mano está cambiar los SÁBADOS A SÁBADO SABADETE, la gente se busca un casquete, o se va a casc… no hace falta ser soez, para eso están los borrachos que mean en las esquinas. Esos días donde se abren las puertas del patetismo como los cerezos en primavera, ordas de preadolescentes cuarentones que toman las calles o jovenzuelos que escuchan los cuarenta, potando en la calle. Sí, esa escena del tipo sujetando la frente a la chica mientras le mira el culo queriendo tirársela y diciéndole que se le pasará…, esos tiempos donde después de hacerla vomitar te la sudaba el aliento e incluso obviabas un trozo de pimiento furtivo porque lo único que querías era pasártela por la piedra… eso no ha cambiado, esas escenas intrínsecas al sábado nunca cambiarán como no cambia el garrafón de mierda. Lo que sí ha cambiado son las colas en los garitos, hoy día te ponen alfombra roja si entras, los atascos en el centro son cada vez más escasos, como los taxis ocupados en la Gran Vía, a las 3. Pillar un taxi hoy día es más fácil que medio gramo en Ibiza.
DOMINGO: El día del señor. Un día donde la gente del extrarradio va a la Latina a "Latinear" porque hacerse un latineo es religión y paletismo a partes iguales. Domingos de chándal para algunos y misa para otros y las dos cosas juntas para el yonqui que pide en la puerta de la iglesia. Domingos de pijama, periódico y autodefinido de El País, vegetación, sofá y viajes a la nevera a deshoras a comer subproductos que hinchan la arteria y aplacan la resaca. El domingo, un día versátil que siempre cambia, para algunos y para todos, los de la excursión a Navacerrada y los del picnic en El Retiro, los del cine de las ocho y el teatro a las 6 con el abrigo de pieles, los del bingo o los del kiki en la siesta. El final de la semana, la despedida, the end, la tristeza, como el último capítulo de Breaking Bad, quieres saber lo que pasa, pero no quieres que acabe porque lo que viene es la desesperación, el desierto, la nada, la rutina, el volver a empezar, la pescadilla que se muerde la cola… el lunes.
LUNES: que no cambiará nunca, porque es la mierda, la grosura, el comienzo del apocalipsis, lo inevitable, la cara de tu jefa, las ojeras, la nostalgia del finde. La miseria, las lavadoras y los tuppers, la cotidianeidad más mundana y corriente. Un día en el que se hacen imposibles las miradas furtivas del metro porque todo el mundo va sobado. Donde contestas mal a los carpetillas que te paran por la calle, quiero decir peor que de costumbre. Un día donde no aguantas que la maruja se te cuele en el súper y le montas un pollo más grande que el que se metería Carmina Ordóñez. Un día marrón, porque el gris tiene su punto y porque la mierda es marrón de toda la vida. 24 horas que huelen, atufan a mediocridad y patetismo cíclico porque sabes que habrá más de esos y eso te aboca a la resignación autómata del VARTES!!
LOS VARTES: Que no es mucho mejor y por mucha uve que le pongas seguirá siendo martes, ni te cases ni te embarques ni te líes porque queda mucha semana por delante. El hermano alto del lunes, sí, es más alto, pero igual de feo, así que no te lo tirarás nunca.
Pero la vida está llena de viércoles y juernes y viernes y sabadetes y domingos al sol, y en nuestra mano está inventarnos la semana y el calendario y convertir un lunes de mierda en un sabadete, por difícil que parezca y por muy mal que huela es posible, creédme. Hoy estoy escribiendo esto pedo y es lunes.
domingo, 26 de octubre de 2014
EL PATIO DEL RECREO
Hace 20 años tenía 15, una edad maravillosa, casi como los 35. Una edad en la que salías de casa después estar durante una hora atusándote el flequillo cortina, te calzabas tus pantalones Levi,s remangaos, y por supuesto te colocabas las hombreras con el belcro que te había cosido tu madre para que no se moviesen del jersey. Salías con tu mochila directa al cole y ahí le veías, al fondo, como una visión, con cara de rubio guaperas de anuncio de Cola Cao o foi gras La Piara… hablando con sus colegas feos, porque un guapo de esas dimensiones siempre se junta con feos para resaltar más. Con un balón de reglamento en los pies y una carpeta desgastada, soplando su flequillo, con pose chulesca y mirando de reojo a las 8 chicas que, como yo, no le quitábamos el ojo de encima.
En clase, lo de siempre, una profesora plasta, las empollonas en primera fila, la guapa de la clase que a veces coincidía con la guarra de la clase y otras, además de guarra era fea. Los trepas haciendo la pelota a la profe y todos con el bocata debajo de la mesa con una mezcla de chorizo, choped y queso fundido que se pegaba a la pituitaria igual que al papel albal.
Sonaba la campana y llegaba la hora del recreo y aquí comenzaban las maniobras de apareamiento preadolescente. Intentabas hacerte la encontradiza en la puerta del patio, te rozabas y te excusabas con un “me han empujado”, porque para salir al patio se montaban peores atascos que en la M30 un lunes morning. Luego sonreías con cara de tonta.
Te sentabas en un banco a observar con tus amigas el panorama, mientras el grupo de simpaticones se acercaban a vosotras a contaros chistes y hablar de la última peli, conversaciones animadas que compartías con gusto desde la distancia, porque tú estabas hipnotizaba por el vaivén de su flequillo mientras jugaba al fútbol. Y en el momento en que te preguntaban por la peli, te levantabas a recoger el balón, que casualmente se había despistado a tu lado y le devolvías la pelota con cara de mongola dejando a tu colega el simpático con la palabra en la boca y la autoestima en los talones.
Te comías el bocadillo, compartiendo con el resto… criticabas a los profes, a las empollonas de la clase y mirabas con envidia y autosuficiencia a la guarra que llevaba una camiseta ajustada blanca y se le transparentaba la tira del sujetador más que a tí.
Está casado…, pero todas saben que anda mal con su mujer, y si no, no pasa nada. Cada uno va a su mesa, que es igual que el pupitre, pero sin estar en fila en india (siempre he querido escribir fila india, que junto con piripi son las palabras más fetén del mundo del léxico vintage de madres). El jefe tocando las pelotas para variar, y allí están los trepas entrando a su despacho y también, la que se ha tirado a toda la oficina incluido el jefe, la guapa-guarra, aunque aquí son más de una porque conforme te haces mayor te vuelves más guarra (el efecto semepasaelarroz y hay que ir a por todas)… y todos con su tupper en el bolso, oliendo a lentejas con chorizo y a la ensaladilla que sobró de la cena de ayer. Un olor como a comedor social o campamento de verano que se pega a la putiutaria igual que al papel albal again.
Llega la hora del descanso, te haces la encontradiza en la puerta del baño… o pasas por su mesa a pedir unos papeles absurdos mientras él sigue mirando el culo de la guapa-guarra. Miras de reojo la foto de su mujer y su niño, con pena… y cierta envidia a la vez. Sigue teniendo flequillo (gracias a Dios, donde hay pelo hay alegría). Mientras, en la comida pones verde a los jefes y te dan charla los simpaticones, que hoy uno es gay y el otro gordo y calvo, te hablan de la última expo de Photo España, tú escuchando de soslayo la conversación sobre el Mundial y el último concierto en la Sala Costello, mientras criticas los short de la guarra que son más short que los tuyos…
Sales a un garito, te tomas unas copas, acabas pedo y declarándote con el mismo discurso, pero esta vez sin usar a tu amigo, se lo dices tu misma que es más maduro ( meekhfsah gustllashhh mushhhhooo), pero estaba claro que iba a elegir a la guarra-muchomasguapaquetú, al final tu amigo gay se pira y te tiras al gordo, sí, porque a estas alturas, la teta por fuera… sabe a poco. Tienes el mismo poco dinero que entonces porque te pagan una mierda, así que en vez de fumarte un pitillo les pides a una pandilla de jovenzuelos que te inviten a un porro. En tu casa no están tus padres esperándote, pero tienes al gordo sobando al lado cuando te levantas, que es mucho peor, y esta vez la hamburguesa le ha sentado mal a él.
Y te das cuenta de que han pasado 20 años, pero en realidad no ha cambiado nada, sigues llevando los pantalones cortos, sólo que eres más guarra, en vez de darte unos morreos echas unos polvos, y no tienes un pavo y comes más choped que jamón y la vida es un patio de recreo al que salimos de vez en cuando a desahogarnos, con las mismas guarras, pringaos, pelotas, gordos, aspiraciones, arroces pasados y listillos de medio pelo y medio pelo es literal porque escasea mucho más, y donde la mayoría tira balones fuera. A pesar de eso, bendito recreo, siempre he sido más de estar en el patio que en clase.
domingo, 5 de octubre de 2014
i Nmundo FELIZ
Son tiempos de whastapp, de i Cloud e i Love, pero sin you
de Skype y Tinder,
de rollos por catálogo virtual
de besos en forma de emoticono y arrobas
sueños de almohadillas en vez de almohadas,
son tiempos de acortar frases y versos y besos…
"Malos tiempos para la lírica" y la poesía,
tiempos donde los sellos son discográficos y no están en las cartas
tiempos de portales y no de postales.
Tiempos de hastags, de tuits tan rápidos como los kikis,
tiempos de clicks y no de clips.
Tiempos de series de capítulos y no de pelis,
de continuarás si la audiencia lo pide, aunque no haya historia,
tiempos pasados que el viento se llevó,
de señoritas sin escarlata,
de putas baratas.
Tiempos de fotos sin álbumes que nunca miras,
de recuerdos en el aire, en la nube,
¿a qué huelen las nubes??
en estos tiempos a podrido, a infierno sin cielo,
tiempos de insta con gram y sin glam.
De muros de Facebook y no de telones
de guerras cibernéticas y no frías
de bandas sin bandos, de grises
tiempos de cibers…
sin mapas y con maps, googles
y nuddles calientes en cinco minutos.
Tiempos de encabezados con “holas” en vez de “Estimada señora”.
De compras con tarjeta, tiempos sin rozar teta,
sólo teclas,
tiempos de espacios sin letras.
De podcasts sin postcards,
tiempos de símbolos sin llamadas,
de líneas cortas, de puntos…
finales,
de putos finales seguidos
uno tras otro,
como los tíos.
Tiempos de silencio de Luis Martín Santos
y tiempos perdidos tras la pantalla
con el reflejo de tu cara
o de tu face con libro,
sin hojas que corten las yemas…
tiempos con penas
que se airean en la red
sin pescados, los pecados.
Tiempos sin vergüenza,
tiempos de ciencia
ficción o realidad, pero virtual
el mismo mundo…
Un MUNDO FELIZ, según escribió Aldous Huxley hace ya 82 años,
no se equivocaba, todo un visionario,
por lo menos en lo de In MUNDO.
domingo, 14 de septiembre de 2014
EL SÍNDROME DE LA SEÑORA DE ESPAÑOLES POR EL MUNDO
Volver al curro es la muerte, volver cuando hace una ola de calor que te suda hasta el canalizo es el horror, volver después de un mesaco de vacaciones en el que te has recorrido otro país, has vivido experiencias maravillosas, te has bañado en mil playas, has conducido kilómetros, conocido ciudades, bailado cien canciones en 30 conciertos diferentes, conocido a personas increíbles con historias distintas y has hablado en otros idiomas (chapurreado vamos), bebido mil birras distintas (y aquí las mil no es un número al azar)… después de todo eso, la vuelta es más irritante que las fans de One Direction.
Supongo que este post es fruto de la depresión postvacacional, que es de las pocas cosas que emite cada septiembre la tele y es pura realidad. Un síndrome que se concreta en asqueamiento vital cuando vuelves a tu trabajo y ves las mismas caras, los mismos gestos (que diría Barricada), angustia cuando ves tu sillón, tus cosas, miras la maleta y recuerdas lo vivido, falta de respiración cuando abres de nuevo tu nevera vacía y tus plantas están más secas que la pata de una paloma. Microinfartos al descubrir que has engordado 3 kilazos y el moreno desaparecerá en dos días porque te estás pelando. Y sobre todo, esa empanada mental que se materializa en preguntas tan sencillas, vacuas, fútiles y concretas como… ¿qué quiero hace con mi vida??, ¿por qué coño tengo que ir todos los días al mismo curro y hacer lo mismo si lo que quiero es viajar eternamente??, ¿pirarme??.. Y es entonces cuando el síndrome posvacacional muta en el SÍNDROME DEL CHIRINGUITO: Lo que viene a ser… monto un chiringo en la playa, me piro de aquí y voy tol día en bermudas y con la cosa colgando. Como yo no tengo cosa que me cuelgue (el bikram yoga hace maravillas) y a mí el mundo de la hostelería me apasiona, pero sólo al otro lado de la barra, he desestimado el síndrome del chiringuito y lo he rebautizado como EL SÍNDROME DE LA SEÑORA DE ESPAÑOLES POR EL MUNDO.
Y aparecen dos niños monísimos, pero sobre todo y lo más importante, es que son bilingües y te has ahorrado una pasta en el británico de Madrid, que viven felices que estudiarán y viajarán porque tú lo has hecho y se darán cuenta de que moverse y conocer otros sitios es parte importante de su vida. Y entonces… todos se preguntarán… ¿pero qué quieres ser?? mujer florero???. No no noooooo, porque tú eres una mujer inquieta, viva, activa, y te has montado tu empresita allí, y trabajas desde casa en tu habitación con vistas al mar, además de pintar unos cuadros y colaborar con tres ONG,s de causas perdidas que alimentan tu conciencia solidaria y tienen el mismo efecto por las noches que una dormidina. Y tras media hora de reportaje donde te percatas que la periodista está observando tu vida verde de envidia mientras elogia tus Jimmy Choo… al final, aparece tu marido, guapetón, o no, tampoco demasiado, pero buen tío y lo más importante, todavía con pelo. Os dais un besaco, con lengua, que le den por culo al horario infantil porque ya que me pongo a imaginar, no me da la gana uno de esos piquitos correctos y rutinarios, porque os seguís poniendo mogollón a pesar de los años.
Supongo que este post es fruto de la depresión postvacacional, que es de las pocas cosas que emite cada septiembre la tele y es pura realidad. Un síndrome que se concreta en asqueamiento vital cuando vuelves a tu trabajo y ves las mismas caras, los mismos gestos (que diría Barricada), angustia cuando ves tu sillón, tus cosas, miras la maleta y recuerdas lo vivido, falta de respiración cuando abres de nuevo tu nevera vacía y tus plantas están más secas que la pata de una paloma. Microinfartos al descubrir que has engordado 3 kilazos y el moreno desaparecerá en dos días porque te estás pelando. Y sobre todo, esa empanada mental que se materializa en preguntas tan sencillas, vacuas, fútiles y concretas como… ¿qué quiero hace con mi vida??, ¿por qué coño tengo que ir todos los días al mismo curro y hacer lo mismo si lo que quiero es viajar eternamente??, ¿pirarme??.. Y es entonces cuando el síndrome posvacacional muta en el SÍNDROME DEL CHIRINGUITO: Lo que viene a ser… monto un chiringo en la playa, me piro de aquí y voy tol día en bermudas y con la cosa colgando. Como yo no tengo cosa que me cuelgue (el bikram yoga hace maravillas) y a mí el mundo de la hostelería me apasiona, pero sólo al otro lado de la barra, he desestimado el síndrome del chiringuito y lo he rebautizado como EL SÍNDROME DE LA SEÑORA DE ESPAÑOLES POR EL MUNDO.
¿Y qué significa esto?? Pues que de “más mayor”… quiero ser señora de españoles por el mundo. Esto se concreta básicamente en: irme de aquí y casarme con un tipo (preferiblemente con pasta) que me diga honey por las mañanas, que siempre ha tenido más clase y me ha gustado mucho más que churri. Que cuando el reportero llame a mi casa y me diga, ¿podemos ver tu casa?? yo diga, sí por supuesto, ¿de España de dónde?? y me vengan a la mente mi infancia en Calatayud, los manzanos, el río, la cara de algunas petardas del colegio viendo el programa y flipando, diciendo: “míra ésta al final ha cruzao el charco y está hasta delgada, qué perra”. Enseñar un casoplón de esos de revista de moda por el que en un país caribeño pagas 500 pavos o 4000 al mes si estás en América, pero lo importante es que lo puedas pagar. Que la entrevista se vea interrumpida por María Dolores (la chica que tienes limpiando en casa y que apresuradamente tienes que explicar en la tele) “es como de la familia ,¿verdad Dolo?” y dejas muy claro el gesto de complicidad de las dos.
Y aparecen dos niños monísimos, pero sobre todo y lo más importante, es que son bilingües y te has ahorrado una pasta en el británico de Madrid, que viven felices que estudiarán y viajarán porque tú lo has hecho y se darán cuenta de que moverse y conocer otros sitios es parte importante de su vida. Y entonces… todos se preguntarán… ¿pero qué quieres ser?? mujer florero???. No no noooooo, porque tú eres una mujer inquieta, viva, activa, y te has montado tu empresita allí, y trabajas desde casa en tu habitación con vistas al mar, además de pintar unos cuadros y colaborar con tres ONG,s de causas perdidas que alimentan tu conciencia solidaria y tienen el mismo efecto por las noches que una dormidina. Y tras media hora de reportaje donde te percatas que la periodista está observando tu vida verde de envidia mientras elogia tus Jimmy Choo… al final, aparece tu marido, guapetón, o no, tampoco demasiado, pero buen tío y lo más importante, todavía con pelo. Os dais un besaco, con lengua, que le den por culo al horario infantil porque ya que me pongo a imaginar, no me da la gana uno de esos piquitos correctos y rutinarios, porque os seguís poniendo mogollón a pesar de los años.
Él, llamémosle John, ya habla español perfectamente y tú has aprendido el inglés estupendamente. Primero porque es necesario comunicarse y segundo porque follar y gritar en otro idioma es absurdo, antinatural y es como vivir en una porno subtitulada. Así que ya podéis decir, él: “Oh my God!!” Y tú: “Sí sí sigue, sigue” y todo el mundo lo entiende. Y entonces, llega la hora de la despedida, la reportera se tiene que marchar y te hace LA OBLIGADA PREGUNTA: ¿volveréis??, y tú te quedas mirando a tu marido, luego al infinito… y piensas en tu familia, titubeas para no ofenderles, pero luego piensas… ¿volveré??? y ahí es dónde está mi cabeza… esa es mi misma pregunta, sin honey-maridito, ni casoplón, ni bilingüismo, me pregunto… ¿will I come? (con acento chungo). Y entonces apagas la tele y te das cuenta de que también es mentira y que lo único que emite la tele que es verdad es el reportaje sobre el síndrome postvacacional.
domingo, 20 de julio de 2014
EL ÚLTIMO DÍA DE TU VIDA
¿Cuánta pasta os habéis gastado en la sección de libros de autoayuda de la FNAC?? Aunque escondáis de vuestra librería a Paulo Cohelo o Jorge Bucay, todos sabéis que en alguna época de bajona habéis buscado ansiosamente títulos como: “En Busca de la felicidad”, “La felicidad está en tu mano” o “Ser feliz es fácil”. Igual que nunca admitiréis haberos tirado un pedo o votar al PP… nunca admitiréis esto, pero nunca más necesitaréis literatura de autoengaño porque yo tengo las claves.
Alcanzar la felicidad máxima es sencillo, os lo digo después de un exhaustivo, certero, exacto, universal e irrefutable estudio estadístico que me ha llevado a estas cuatro acciones concentradas en 24 horas. FOLLAR, DORMIR, COMER y CAGAR. Sí, y además en este caso el orden de los factores sí altera el producto.
Imaginad el último día de vuestras vidas, el apocalipsis, en 24 horas un meteorito arrasará la tierra, en realidad no tenéis que imaginar mucho, vale cualquiera de los millones de películas americanas que sacan cada año y en los que el final es un fundido de la bandera americana con un beso de los protagonistas. Pues eso mismo, pero sin bandera, porque ya sabéis, aquí lo de sacar el rojo y amarillo da grima y dejas de ser moderno. Volviendo al tema, ¿24 horas y qué haríais??.
Pues para empezar… FOLLAR: con un buenorro o una buenorra, porque como todo el mundo sabe que es su último día de vida y no hay que perder tiempo, es la oportunidad perfecta para que no te den calabazas. No hay tiempo para viajar, desplazarse y buscar a tu novio que está de reunión en Londres o a tu ligue de Ibiza, no. Así que es la baza de los feos, de los bajos, de los normalitos, de los simpaticones, de los buenas personas, la famosa frase: “A follar que el mundo se va a acabar”, nunca tuvo más sentido.
Después de unos polvos salvajes, porque si vas a morir en 24 horas, seamos sinceros, no estás para besitos, abrazos y mariconadas que restan tiempo… estás tan cansado que te duermes como un bebé. Algunos pensarán que DORMIR es una pérdida de tiempo, pero no, dormir unas horas cuando tienes sueño y después de unos buenos “kikis” es uno de los placeres más inmensos que hay, y si encima tienes algún sueño húmedo, matas dos pájaros de un tiro.
Y como 120 de cada 100 doctores aseguran, después de un gran ejercicio físico y una buena sobada, tienes más hambre que un perro chico, así que comes como un reo en el corredor de la muerte, como si se fuese a acabar el mundo (vamos exactamente así. literal). Te dejas de dietas, de lechugas, de guarniciones, de pechuga de pavo y arroz blanco, de barritas energéticas y te vas a por la barra de lomo. Grasa en vena, el bocata de tortilla con mayonesa que hace años que no te comes, la tarta de chocolate que incendia las pupilas de las anoréxicas, un corderazo segoviano… y todo el mundo sabe que un corderazo segoviano en tu cuerpo… no aguanta mucho, así que hay que dejar espacio.
Y aquí viene el último placer vital CAGAR. Sí, absténganse las remilgadas, las repijas petardas, las finolis de pacotilla, las que visten en colores pastel, las princesas, las nuevas reinas, las del barriosalamanca y el Viso, porque todas ellas, señores y señoras… CAGAN. Sí, aunque lo nieguen, lo oculten, lo obvien, lo evadan, lo intenten olvidar o sean capaces de cortarse la lengua o inmolarse antes de admitir en público que lo hacen. Un amigo mío tiene un test infalible, sabe si una tía merece la pena cuando le pregunta: si hubiese una pastilla mágica que te ahorrase el ejercicio de CAGAR (lo pongo en mayúscula porque después de un cordero, en minúscula no tiene sentido), ¿la tomarías??. Si ella responde no, es la mujer de su vida, si responde sí, es alguien que está dispuesta a renunciar a los placeres terrenales, a quedarse más a gusto que un arbusto, sólo por el que dirán y entonces no merece la pena.
Y bien, partiendo de la base de que todo el mundo lo practica y que la cara que se te queda después de CAGAR es de absoluta felicidad, es ineludiblemente la cuarta cosa que completa tu último día perfecto en la tierra.
Y si no están de acuerdo con esta teoría de la felicidad completa, la que sí es irrefutable es la de la infelicidad… porque el peor día de cualquiera sería… echar un mal polvo en ayunas de empalmada (y me refiero a no dormir en toda la noche), comerte un trozo de pizza del día anterior y estar estreñido. Así que sólo por la teoría de los contrarios, mi análisis es ganador.
A todo esto, queridos lectores/as, este es mi último post antes de las vacaciones. Lo que viene a ser el apocalipsis del curro y la llegada al paraíso, más o menos como si un meteorito arrasase mi oficina, pues eso, que me quedan cinco días para abandonarme a la felicidad completa. Y voy a empezar por el punto número cuatro.
PD: Post inspirado en las sabias paslabras de un maestro de la escatología, K.
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