domingo, 8 de marzo de 2015

TÓPICOS ATÓPICOS TÍPICOS

Lo de hablar mucho y no decir nada es una constante en nuestras vidas, lo hacen los políticos, las madres, los porteros de edificios, tu vecina en el ascensor, los futbolistas en las entrevistas… estamos inmersos en un magma de frases sin sentido que rellenan tiempo, espacio y nos hacen gastar saliva y que queréis que os diga, con los tiempos que corren yo no estoy pa gastar ná de ná. Ahí va mi lista de Tópicos absurdos, que después de la lista Falcani os parecerá una mierda…, pero esto es como todo.

- Ahí va el primero, “Esto es como todo”. ¿Qué coño quiere decir eso??, ¿cómo es todo??. Malo, bueno, inmenso, pequeño, porque mi todo es muy diferente al todo de un padre de familia extremeño o el de éste, al de un futbolista del Madrid, y el todo de Nacho Vidal es muy distinto al de un chino, vamos es como de la nada al todo, sin ir más lejos.




- Hacer la 1314. Toma ya!!, ¿y qué significa esto??. ¿Son las coordenadas de dónde se encontraba el Códice Calixtino? . ¿Es el PIN del móvil universal?, ¿son las medidas de una modelo enana?… ¿no empezaba así el número PI??, ¿y qué coño tienen que ver las matemáticas para decir que te piras a la francesa sin decir ni mú a tus colegas porque llevas un pedo que no te tienes en pie??.

- El frío que se te mete en los huesos. ¿Desde cuándo el frío se mete?? Ni se mete, ni sale ni conduce, ni nada, ni cocina, ni escala…, aunque quizá de ahí viene lo de ESCALAfríos? Vale, vale, ha sido muy malo.



- Me suda la polla. Física y biológicamente no es posible señores. La polla, el pene, el pito, la picha, la cola o colita, el miembro, o como lo quieran llamar, no tiene poros ni pelos para que sude. Te pueden sudar los huevos, expresión que también existe y es mucho más adecuada. Hablen con propiedad y condoscojones.

- Verde y con asas. Este reconozco, que es uno de mis preferidos. ¿Qué coño es verde y con asas??. Admito propuestas.

- Mi hijo es muy lista, pero lo que pasa es que es muy vaga. Sí claro, entonces los consejos de administración estarían formados por tipos que han estudiao FP (del de antes, lo siento soy de los 70) o en la universidad de la calle y no de gente remasterizada con siete idiomas, dos MBAS, cuatro postgrados y cinco tesis. ¿Cuántas hijos vagas, pero listos puede haber en el mundo???. Lo que hay que mucha madre que no quiere admitir que su hijo es mongola, claro.

- A mis espaldas. ¿Cuántas espaldas tienes?? porque yo tengo sólo una. El único que puede decir eso es Phelps.



- Yo no soy racista, pero los gitanos no me gustan. En fin, que aquí no hay nada más que explicar. Es como verde y con asas, pero con menos sentido si cabe.

- Lo primero es lo primero. Pues claro, no va a ser lo segundo. De nuevo, como gastar saliva en una lógica aplastante.

- Este tío / este comportamiento / esta situación es “de libro”. ¿De qué libro?? Porque es muy distinto Cien años de soledad a Cincuenta sombras de Grey, y si no preguntádselo a vuestras madres. El primero es sobre los Buendía y el segundo te asegura un buen día.

En fin, que igual este post no os interesa una mierda, pero es mi blog, y hablando de libros… yo vengo a hablar aquí del mío.

domingo, 8 de febrero de 2015

MADRES DE PUEBLO

¿Sabían que la ciudad transforma?? donde algunos ven la gente habitual en Preciados, otros ven la tercera guerra Mundial. En determinados ojos, se convierte en una realidad paralela, tiene el mismo efecto que el peyote, se ven cosas que no existen o se hacen cosas que nunca harías en circunstancias normales. ¿Y cuál es el mínimo común denominador en esta ecuación de alucinaciones urbanas?, pues las madres. 
La mayor transformación que había visto en mi madre era cuando se tomaba dos gin tonic y los mezclaba con una crema de orujo, y se achispaba, porque las madres no se emborrachan sólo se achispan, o se ponen piripis, que es lo mismo que cogerse un pedo, pero solo te da por dar muchos besos, reirte y cantar muy agudo canciones regionales o villancicos aunque sea agosto. Hasta el día que vino a visitarme a la ciudad, esa es la auténtica transformación. De repente ven una realidad paralela que tú nunca has conocido, es como si llevasen unas gafas muy guapas que convierten todo en apocalíptico y desolador. Y aquí vienen las pruebas de ello: 

Por ejemplo en el metro. Lo que para tí es cosmopolita e intercultural, un joven paquistaní con una mochila colgada donde guarda los libros y el tupper  para irse a la universidad, para tu madre es un yihadista a punto de explotar una bomba delante de sus narices. Y es entonces cuando decide salir del vagón, pero se da cuenta de que como se baje no tiene ni puñetera idea de qué hacer porque sólo se sabe el recorrido de memoria que tú le has dibujado en un pos it. Esta mañana le dijiste: "línea azul mamá por Dios!!", pero ella el único Dios que ve ahora mismo es a Mahoma. 


Aprietan muy fuerte el bolso, tanto que hacen tríceps, más que en zumba, donde van los martes en el pueblo. Si no se meten el dinero en una riñonera interior dentro del pantalón como hacían contigo cuando te ibas de excursión, porque piensan que todo el mundo va a robarles todo el rato. "En Sol roban mucho" alguien se lo dijo y ahora les da igual que estés en Sol que dentro de un convento en el barrio de las Letras que siguen apretando el bolso y tatuándose el asa en el bíceps.

Las reconoces porque son esas que agarran la tira o el asa que cuelga del techo del bus con la mano igual, que lo hacen cuando van de copiloto en el coche con su marido.

Para ellas todo el mundo en la calle es susceptible de ser un ladrón o un maleante (muy de su vocabulario). Ponen cara de chupar un limón cuando ven a los heavys de la Gran Vía y dicen que todo el mundo es muy raro, y si lleva barba y pelo desaliñado más. Así que en Malasaña están cruzándose todo el rato de acera para evitar a los cientos de hipster que para ellas son vagabundos. Y van haciendo un zig zag perfecto entre acera y acera, como el punto de cruz de la bufanda que te han traído.

Para ellas todo el mundo va muy rápido, es como darle al forward de la vida. Preciados es un pinball humano donde ellas son la bola.

Las reconocerás porque se ponen siempre en la parte izquierda de las escaleras del metro y se quedan quietas, y como van tan pendientes de apretar el bolso no se dan cuenta de que es por donde baja la gente rápido y forman un tapón del recopetín en un minuto, y cuando alguien le dice: “lo siento me deja pasar”, entonces vuelven a lo de “es que en Madrid vais todos locos, qué prisas chica”.

¿Cómo distinguirlas en medio de la calle Fuencarral?? porque son las únicas que se paran con los carpetillas (dícese de aquellos que ocupan cada esquina de la calle y te paran durante media hora para hacerte una encuesta y que acabes donando dinero a causas altruístas varias, niños en Guinea o lucha contra el cáncer). Los carpetillas van a ellas como el tiburón a la sangre. Se frotan las manos con una madre recién llegada a la ciudad. “Pobre chico pasando frío”, piensan. “Mi hijo podría ser”…, aunque al instante piensan “qué coño, que al mío le pagué una carrera y gracias a Dios no es uno de estos hippies en favor de las ballenas”.

Este retrato se traslada a los padres que vienen y conducen en Madrid. Son esos a los que les pitan todos los coches, que se dan dos vueltas a la M-30 porque no encuentran la salida. Te dicen que en vez de en Callao están en Navalcarnero y no saben qué ha pasado, pero las señales son un follón y todo el mundo va muy rápido. El síndrome de la madre en el metro, es el del padre con su coche en la ciudad. 

Y por supuesto siempre se van con un regalillo del Ayuntamiento, una multa de aparcamiento porque sacar el ticket del parquímetro es más difícil que opositar a juez.

Se quejan de las colas que hay en todos los sitios, pero se pegan 5 horas en la del Rey León, porque quien viene a la ciudad tiene que hacer dos cosas, ir al Rey León y entrar en el Corte Inglés.

Y por supuesto, vienen siempre de época de rebajas, para aprovechar.

Dan un pequeño gritito cuando ven a un famoso en la calle. y dicen casi siempre “que no es para tanto, hija yo me lo imaginaba más alto” o “pues ella sale más delgada en la tele no??”.

Si se encuentran con un espécimen de estos, obsérvenlas, les saldrá una sonrisa, y si se acercan a ellas se llevarán el carmín de los dientes manchados en forma de beso en la mejilla. Cuidenlas, están en peligro de extinción, no las den de comer después de las 12, no las mojen porque podrían mutar en un gremlin de ciudad, en una madre urbana más… y eso… eso sería una pena.

domingo, 21 de diciembre de 2014

LA SERVILLETA NACIONAL

Después de mis recientes vacaciones, de pasar una semana en Perú y otra en Nueva York, he llegado a una conclusión: Las servilletas definen países. 



La primera vez que comí un ceviche en Perú fui a limpiarme con una servilleta y entonces me di cuenta. Una servilleta peruana está compuesta por una sola fina capa, de esas dos que forman una servilleta europea. 
Y entonces me explicaron la profesión del separador de servilletas. Un tipo que se pega 12 horas al día dividiendo en dos partes las servilletas europeas para rentabilizarlas. De modo que los servilleteros peruanos están llenos 
de cientos de alas de mariposa. Servilletas etéreas y tansparentes. La transparencia de la que gozan ya muy pocos países y que se ve enturbiada muy fácilmente por las cosas de mayores, ya saben, la política y los negocios. 
Una servilleta que cuando la llevas a la boca sigues manchado y arrugas y logras hacer una pequeña pelotilla más pequeña que un moco, y de aquí viene lo de que cuando Alemania estornuda España se resfría…, pues cuando España se  resfría Sudamérica ya lleva moqueando una eternidad. Entonces te preguntas… ¿de verdad es rentable?? si tienes que emplear 10 servilletas para limpiarte mientras que en Europa usas las mismas, cinco dobles. Pero sí, esa sensación del servilletero lleno, de la opulencia superficial y engañosa, de la abundancia escasa y fláccida, como los estómagos hinchados de los niños de África, con el mismo diámetro del de un gordo europeo, pero vacíos, llenos de arroz y agua dando vueltas. La apariencia y el poseo, porque en Perú se posea y no se posturea; se está rico, pero no la comida, el tiempo; algo no es cojonudo, es buenaso y no se dicen bromas, son genialidades… 
Eso es Perú, lleno de colores en las telas, pero gris en el carácter y en el tiempo limeño. Con servilletas que no te secan porque esto es húmedo y huele a tierra y a pescado, y a leche de tigre, a ácido, a fuerte.



Entonces llegué a Nueva York y me limpié tras comerme una hamburguesa, y entonces me di cuenta de las 5 capas de servilleta. Aquí no hay separadores de servilletas, aquí hay lobbies, de los que juntan, papeles e intereses. Una servilleta tan gruesa como la alpaca, pero de usar y tirar, que abrigan además de limpiar. De las que son tan orondas que avergüenzan o tapan vergüenzas con salsas. Porque aquí todo se enmascara,  con sirope, barbacoa y queso fundido y hacen suyo lo del otro con más éxito. Y reinventan la comida mexicana con los burritos, tan sólo poniendo más capas, al guacamole y a las servilletas. Sin saber que, por muy gruesa que sea una servilleta, la vas a acabar tirando. Y después de todo, tras limpiarse… fina o gruesa, ninguno de los dos está limpio del todo. 

domingo, 7 de diciembre de 2014

REINVENTADO LA SEMANA

La semana ha cambiado… supongo que por otra cosa más grave… y es que Madrid ha cambiado, atrás quedaron los dulces tiempos en los que la juerga era diaria e igual de potente un lunes que un viernes, que era paraíso Sodoma-gomorrero de turistas con ganas de noche, after y borracheras que dan la vuelta a la esquina del día como las colas de Doña Manolita. Tiempos de nostalgia aquellos en los que podías acompañar el pitillo con la birra en la mano sin que un camarero-portero-carcelero te eche el ojo como en un campo de concentración y te haga dejar la cerveza dentro, mientras se calienta o algún listo te la levanta después de fumarse su propio pitillo. En fin, que la semana ha cambiado por eso hay que reinventarla...

Empecemos por el VIÉRCOLES (los antiguos miércoles) porque empezar por el lunes siempre me ha dado pereza. Que de toda la vida han sido los  juernes… hoy, hoy son el desierto, la desolación, el apocalipsis zombie. Y más cuando ponían el cine a 3,90. Esos días los bares se vacíaban, las calles se vestían de eco y las aceras se desnudaban de pisadas. Partiendo de la base que lo del cine es estupendo… propongo a los bares que contraoferten y el miércoles sea el día de la caña por menos de un euro, o de la tapa gratis… Y ya lo estoy viendo, te lías, te lías y lo que era un miércoles normal, insulso, corriente, se convierte en un viércoles brillante, pleno, divertido, extremo… de peli barata y birra barata… ufff demasiada ciencia ficción no??

LOS JUERNES: Un clasicazo. Ese día en semana que barrunta juerga, porque llevas ya tres días en casa siendo bueno, tragándote en casa pelis de mierda acompañadas de una tortilla francesa. Y ya estás hasta el moño del pijama, además, Y LO SABES (que diría un maestro de la canción ligera), ayer te quedaste en casa, en vez de hacerte un cine a precioputa y acabaste abriéndote una birra en casa sola/a obviando la sensación de ser una yonqui solitaria que bebe solo/a en el sillón. Y entonces sabes que solo hay que aguantar un día más en el curro y puedes con ello, o eso te crees, porque luego el viernes por la mañana estás que no puedes moverte y es que ya no tienes ni edad ni juernes


LOS VIERNES: Siguen siendo viernes, el día del placer, alegría, gozo, “Alabaré” que dirían las monjas, cualquier adjetivo se queda corto, raquítico, espartano. Dos días por delante para perder de vista al jefe…, pero un día también en el que mucha gente se queda en casa porque es el día en que sale todo el mundo. Tolais ilusos… es el día en que las tías están cansadas de currar toda la semana, cogen con ganas las copas y con el cansancio semanal se pillan un pedo antes y tú puedes pillar más fácilmente. Además emborrachándote el viernes, el domingo ya estás recuperado y puedes estar zampando como un bestia en casa de tu madre o suegra, o hacerte un vermut torero para acabar pedo el domingo y estar de mierda el lunes, y no quitarle el nombre al lunes de mierda, que ese nunca cambia.

En tu mano está cambiar los SÁBADOS A SÁBADO SABADETE, la gente se busca un casquete, o se va a casc… no hace falta ser soez, para eso están los borrachos que mean en las esquinas. Esos días donde se abren las puertas del patetismo como los cerezos en primavera, ordas de preadolescentes cuarentones que toman las calles o jovenzuelos que escuchan los cuarenta, potando en la calle. Sí, esa escena del tipo sujetando la frente a la chica mientras le mira el culo queriendo tirársela y diciéndole que se le pasará…, esos tiempos donde después de hacerla vomitar te la sudaba el aliento e incluso obviabas un trozo de pimiento furtivo porque lo único que querías era pasártela por la piedra… eso no ha cambiado, esas escenas intrínsecas al sábado nunca cambiarán como no cambia el garrafón de mierda. Lo que sí ha cambiado son las colas en los garitos, hoy día te ponen alfombra roja si entras, los atascos en el centro son cada vez más escasos, como los taxis ocupados en la Gran Vía, a las 3. Pillar un taxi hoy día es más fácil que medio gramo en Ibiza.



DOMINGO: El día del señor. Un día donde la gente del extrarradio va a la Latina a "Latinear" porque hacerse un latineo es religión y paletismo a partes iguales. Domingos de chándal para algunos y misa para otros y las dos cosas juntas para el yonqui que pide en la puerta de la iglesia. Domingos de pijama, periódico y autodefinido de El País, vegetación, sofá y viajes a la nevera a deshoras a comer subproductos que hinchan la arteria y aplacan la resaca. El domingo, un día versátil que siempre cambia, para algunos y para todos, los de la excursión a Navacerrada y los del picnic en El Retiro, los del cine de las ocho y el teatro a las 6 con el abrigo de pieles, los del bingo o los del kiki en la siesta. El final de la semana, la despedida, the end, la tristeza, como el último capítulo de Breaking Bad, quieres saber lo que pasa, pero no quieres que acabe porque lo que viene es la desesperación, el desierto, la nada, la rutina, el volver a empezar, la pescadilla que se muerde la cola… el lunes.



LUNES: que no cambiará nunca, porque es la mierda, la grosura, el comienzo del apocalipsis, lo inevitable, la cara de tu jefa, las ojeras, la nostalgia del finde. La miseria, las lavadoras y los tuppers, la cotidianeidad más mundana y corriente. Un día en el que se hacen imposibles las miradas furtivas del metro porque todo el mundo va sobado. Donde contestas mal a los carpetillas que te paran por la calle, quiero decir peor que de costumbre. Un día donde no aguantas que la maruja se te cuele en el súper y le montas un pollo más grande que el que se metería Carmina Ordóñez. Un día marrón, porque el gris tiene su punto y porque la mierda es marrón de toda la vida. 24 horas que huelen, atufan a mediocridad y patetismo cíclico porque sabes que habrá más de esos y eso te aboca a la resignación autómata del VARTES!!

LOS VARTES: Que no es mucho mejor y por mucha uve que le pongas seguirá siendo martes, ni te cases ni te embarques ni te líes porque queda mucha semana por delante. El hermano alto del lunes, sí, es más alto, pero igual de feo, así que no te lo tirarás nunca.

Pero la vida está llena de viércoles y juernes y viernes y sabadetes y domingos al sol, y en nuestra mano está inventarnos la semana y el calendario y convertir un lunes de mierda en un sabadete, por difícil que parezca y por muy mal que huela es posible, creédme. Hoy estoy escribiendo esto pedo y es lunes.


domingo, 26 de octubre de 2014

EL PATIO DEL RECREO

Hace 20 años tenía 15, una edad maravillosa, casi como los 35. Una edad en la que salías de casa después estar durante una hora atusándote el flequillo cortina, te calzabas tus pantalones Levi,s remangaos, y por supuesto te colocabas las hombreras con el belcro que te había cosido tu madre para que no se moviesen del jersey. Salías con tu mochila directa al cole y ahí le veías, al fondo, como una visión, con cara de rubio guaperas de anuncio de Cola Cao o foi gras La Piara… hablando con sus colegas feos, porque un guapo de esas dimensiones siempre se junta con feos para resaltar más. Con un balón de reglamento en los pies y una carpeta desgastada, soplando su flequillo, con pose chulesca y mirando de reojo a las 8 chicas que, como yo, no le quitábamos el ojo de encima.



En clase, lo de siempre, una profesora plasta, las empollonas en primera fila, la guapa de la clase que a veces coincidía con la guarra de la clase y otras, además de guarra era fea. Los trepas haciendo la pelota a la profe y todos con el bocata debajo de la mesa con una mezcla de chorizo, choped y queso fundido que se pegaba a la pituitaria igual que al papel albal. 

Sonaba la campana y llegaba la hora del recreo y aquí comenzaban las maniobras de apareamiento preadolescente. Intentabas hacerte la encontradiza en la puerta del patio, te rozabas y te excusabas con un “me han empujado”, porque para salir al patio se montaban peores atascos que en la M30 un lunes morning.  Luego sonreías con cara de tonta. 

Te sentabas en un banco a observar con tus amigas el panorama, mientras el grupo de simpaticones se acercaban a vosotras a contaros chistes y hablar de la última peli, conversaciones animadas que compartías con gusto desde la distancia, porque tú estabas hipnotizaba por el vaivén de su flequillo mientras jugaba al fútbol. Y en el momento en que te preguntaban por la peli, te levantabas a recoger el balón, que casualmente se había despistado a tu lado y le devolvías la pelota con cara de mongola dejando a tu colega el simpático con la palabra en la boca y la autoestima en los talones. 

Te comías el bocadillo, compartiendo con el resto… criticabas a los profes, a las empollonas de la clase y mirabas con envidia y autosuficiencia a la guarra que llevaba una camiseta ajustada blanca y se le transparentaba la tira del sujetador más que a tí.

Tras la campana, salías desesperada como un preso al patio buscando la libertad y te metías directa a la sala de máquinas, por la noche botellón, te fumabas unos pitis a escondidas, te pillabas un pedo que hacía cualquier monosílabo impronunciable, acababas declarándote a flequi a través de una colega que le decía que te gustaba (porque tú hubieses dicho algo como meekhfsah gustllashhh mushhhhooo ) y finalmente pasaba de tu culo. Pero ahí estaba el simpático para aprovechar el tirón, te metía boca y acababas morreándote con él y te tocaba teta por fuera (porque tú podías ir pedo, pero guarraguarra no eras, o por lo menos no con un feo). Llegabas a tu casa y te encontrabas a tu madre enfundada en guatiné escudriñando tu cara de borracha, mientras le decías que la hamburguesa de la cena te había sentado mal.



Y hoy, 20 años más tarde, sales de casa después, esta vez, de despeinarte el flequillo (porque ahora cuanto más despeinao, más mola), te calzas tus minishorts desgastados con bolsillos por fuera, una camiseta de Dolores Promesas y un blazer más largo que los pantalones, tus New Balance y tu bolso vintage. Vas directa al metro y llegas al curro, allí está, tomando café con otros compañeros, os miráis… y él mira también a las otras cinco, que por cierto se ha tirado. 

Está casado…, pero todas saben que anda mal con su mujer, y si no, no pasa nada. Cada uno va a su mesa, que es igual que el pupitre, pero sin estar en fila en india (siempre he querido escribir fila india, que junto con piripi son las palabras más fetén del mundo del léxico vintage de madres). El jefe tocando las pelotas para variar, y allí están los trepas entrando a su despacho y  también, la que se ha tirado a toda la oficina incluido el jefe, la guapa-guarra, aunque aquí son más de una porque conforme te haces mayor te vuelves más guarra (el efecto semepasaelarroz y hay que ir a por todas)… y todos con su tupper en el bolso, oliendo a lentejas con chorizo y a la ensaladilla que sobró de la cena de ayer. Un olor como a comedor social o campamento de verano que se pega a la putiutaria igual que al papel albal again.

Llega la hora del descanso, te haces la encontradiza en la puerta del baño… o pasas por su mesa a pedir unos papeles absurdos mientras él sigue mirando el culo de la guapa-guarra. Miras de reojo la foto de su mujer y su niño, con pena… y cierta envidia a la vez. Sigue teniendo flequillo (gracias a Dios, donde hay pelo hay alegría). Mientras, en la comida pones verde a los jefes y te dan charla los simpaticones, que hoy uno es gay y el otro gordo y calvo, te hablan de la última expo de Photo España, tú escuchando de soslayo la conversación sobre el Mundial y el último concierto en la Sala Costello, mientras criticas los short de la guarra que son más short que los tuyos… 

Sales a un garito, te tomas unas copas, acabas pedo y declarándote con el mismo discurso, pero esta vez sin usar a tu amigo, se lo dices tu misma que es más maduro ( meekhfsah gustllashhh mushhhhooo), pero estaba claro que iba a elegir a la guarra-muchomasguapaquetú, al final tu amigo gay se pira y te tiras al gordo, sí, porque a estas alturas, la teta por fuera… sabe a poco.  Tienes el mismo poco dinero que entonces porque te pagan una mierda, así que en vez de fumarte un pitillo les pides a una pandilla de jovenzuelos que te inviten a un porro. En tu casa no están tus padres esperándote, pero tienes al gordo sobando al lado cuando te levantas, que es mucho peor, y esta vez la hamburguesa le ha sentado mal a él.


Y te das cuenta de que han pasado 20 años, pero en realidad no ha cambiado nada, sigues llevando los pantalones cortos, sólo que eres más guarra, en vez de darte unos morreos echas unos polvos, y no tienes un pavo y comes más choped que jamón y la vida es un patio de recreo al que salimos de vez en cuando a desahogarnos, con las mismas guarras, pringaos, pelotas, gordos, aspiraciones, arroces pasados y listillos de medio pelo y medio pelo es literal porque escasea mucho más, y donde la mayoría tira balones fuera. A pesar de eso, bendito recreo, siempre he sido más de estar en el patio que en clase. 

domingo, 5 de octubre de 2014

i Nmundo FELIZ

Son tiempos de whastapp, de i Cloud e i Love, pero sin you
de Skype y Tinder,
de rollos por catálogo virtual
de besos en forma de emoticono y arrobas
sueños de almohadillas en vez de almohadas,
son tiempos de acortar frases y versos y besos…

"Malos tiempos para la lírica" y la poesía,
tiempos donde los sellos son discográficos y no están en las cartas
tiempos de portales y no de postales.
Tiempos de hastags, de tuits tan rápidos como los kikis,
tiempos de clicks y no de clips.

Tiempos de series de capítulos y no de pelis,
de continuarás si la audiencia lo pide, aunque no haya historia,
tiempos pasados que el viento se llevó,
de señoritas sin escarlata,
de putas baratas.



Tiempos de fotos sin álbumes que nunca miras,
de recuerdos en el aire, en la nube,
¿a qué huelen las nubes??
en estos tiempos a podrido, a infierno sin cielo,
tiempos de insta con gram y sin glam.

De muros de Facebook y no de telones
de guerras cibernéticas y no frías
de bandas sin bandos, de grises
tiempos de cibers…
sin mapas y con maps, googles
y nuddles calientes en cinco minutos.

Tiempos de encabezados con “holas” en vez de “Estimada señora”.
De compras con tarjeta, tiempos sin rozar teta,
sólo teclas,
tiempos de espacios sin letras.
De podcasts sin postcards,
tiempos de símbolos sin llamadas, 
de líneas cortas, de puntos…
finales,
de putos finales seguidos
uno tras otro,
como los tíos.

Tiempos de silencio de Luis Martín Santos
y tiempos perdidos tras la pantalla
con el reflejo de tu cara
o de tu face con libro,
sin hojas que corten las yemas…
tiempos con penas
que se airean en la red
sin pescados, los pecados.

Tiempos sin vergüenza, 
tiempos de ciencia
ficción o realidad, pero virtual
el mismo mundo…

Un MUNDO FELIZ, según escribió Aldous Huxley hace ya 82 años,
no se equivocaba, todo un visionario,
por lo menos en lo de In MUNDO.